viernes, 9 de diciembre de 2016

Un archivo del rock paraguayo lleno de anécdotas y sueños


Publicado en Ideas + Palabras
Fotos Aníbal Gauto

Se montó en el Teatro Municipal el 14 de febrero del 2014, en el marco del homenaje a los pioneros del rock paraguayo, el National All Rock Stars (el nombre fue una especie de juego, parafraseando a un evento con estrellas de rock internacional que se hizo en Asunción en esos días). Fue la última vez que los amantes del rock pudieron admirar los archivos del Museo del Rock Paraguayo, una colección histórica que reúne piezas de gran valor sobre el surgimiento y proyección de este estilo musical en nuestro país. Desde entonces, estos registros son guardados celosamente por Daniel Zayas, arquitecto de profesión y músico por afición, cantante y líder del grupo de heavy NASH, uno de los pioneros del metal nacional. 


Zayas comenzó a seguir el rastro de objetos, instrumentos, documentos, fotos, grabaciones y otras varios registros de la historia del rock paraguayo, desde la época en que las recordadas orquestas comenzaron a tomar características de grupos rockeros, con la impronta, el estilo musical y el mensaje. Meterse en el archivo del Museo del Rock Paraguayo es una experiencia emotiva y progresiva, ya que cada documento, cada foto o grabación, lleva a una anécdota que a su vez se traslada a otra y así consecutivamente. 

Es la historia de unos héroes y soñadores que con sus guitarras salieron a dar la batalla del rock en una escena marca por la dictadura, por las carencias en cuanto a equipos, a sponsors, a posibilidades de grabar… Es la historia de una generación que desafío los esquemas de una sociedad conservadora, temerosa, aun poco conocida a pesar de que muchos de aquellos pioneros siguen desafiando al tiempo en los escenarios de la movida rockera nacional. 

Como "Mandraque" 

“Entre las cosas tenemos un bajo que mando hacer Alci Rock, allá por 1969, es una réplica de un Hofner, pero con el mango de un contrabajo tradicional. Lo hizo un luthier al que le decían “Mandraque”, porque el tipo era hojalatero, de todo. Es una historia muy simpática que muestra cómo se arreglaban los músicos en aquella época para tener instrumentos. No había muchos y tampoco los muchachos tenían plata para comprar”, cuenta Daniel Zayas. “Otro instrumento, la guitarra de Cachito Verdecchia, por ejemplo, la rescaté de una casa de empeño”. Zayas viene compilando materiales desde hace unos cinco años. 

Lo hace de manera particular, sin ningún tipo de apoyo. También toma el recaudo de que sean instrumentos originales. En su pesquisa adquirió varios instrumentos que son emblemáticos de la etapa de formación y consolidación del movimiento rockero. También ha compilado registros de audio muy importantes, como las cuatro canciones grabadas por el grupo paraguayo Los Rebeldes a mediados de los 60, que pueden considerarse como las primeras hechas por un grupo de rock paraguayo. 

Entre los instrumentos, las joyas de la colección son las guitarras utilizadas por el guitarrista Roberto Thompson, quien tocó en varias bandas legendarias como Faro Callejero y Pro Rock Ensamble. Con esta última grabó el primer sencillo y el primer LP (Música para los perros) del rock nacional, a inicios de los 80. 

Busca apoyo 

Zayas comenta que desde un principio la idea era montar el Museo del Rock Paraguayo de forma permanente, para que tanto los amantes de la música como los propios músicos de hoy puedan conocer de donde viene toda esta historia, dónde están las raíces del rock nacional. 

Por el momento, el Museo está planteado como una muestra itinerante, que se puede instalar en un lugar de acuerdo a solicitudes de la gente. Sin embargo, desde aquella puesta en el 2014, el acervo nunca más se volvió a exponer. Cuenta también que había tenido conversaciones con autoridades de la administración anterior de la Municipalidad de Asunción y que inclusive habló con el actual intendente Mario Ferreiro, una persona que también vivió esa época en su carácter de presentador y organizador de eventos musicales. Este le mostró su interés pero aun no hubo otro contacto posterior. 

En la Secretaría Nacional de Cultura lo invitaron a concursar como proyecto. Dani ha creado un sitio en la red social Facebook, llamado Museo del Rock Paraguayo, donde comparte documentos y materiales de audio. Es un sitio muy recomendado para los que quieran conocer un poco de la historia de la música nacional, ya que muchos músicos y gente de la época interactúa en ese espacio, agregando datos y compartiendo anécdotas. 

“El Museo no es poner en una mesa un montón de documentos. Tiene que ser tratado por una persona especialista que pueda aprovechar todo el acervo para contar la historia. Los instrumentos tienen que estar en exhibidoras adecuadas. Además, todo debe estar en un lugar seguro. Es decir, implica un recurso monetario importante que yo, de forma privada, no tengo. Pero si nadie me da el apoyo probablemente lo monte acá mismo en mi casa, como un local donde puedan venir los músicos a compartir en un ambiente lleno de historia. Como un Hard Rock Café, pero de rock nacional”, agregó Zayas.

La casa de infancia de Agustín Barrios desafía al tiempo y al olvido


Fotos: Fernando Riveros

La casa de infancia de Agustín Pío Barrios, Mangoré, sobrevive estoica al tiempo en el centro de la ciudad de San Bautista, Misiones. Cualquiera esperaría que conocer el hogar donde el más universal de los artistas paraguayos pasó sus primeros años, donde ensayó sus primeras notas en la guitarra, debería ser una experiencia altamente emotiva. Pero no es del todo así. El tiempo se va haciendo sentir con rigor en la antigua estructura y la sensación que queda es un dejo de preocupación.


La antigua casa, que dataría de 1880, fue adquirida en 1993 por el artista sanjuanino Gil Alegre Núñez, un reconocido y entusiasta promotor cultural de la zona, quien habita actualmente en parte del edificio original, al cual se le ha anexado otra estructura como continuidad de la vivienda. En la parte frontal funciona la Casa Museo Mangoré o Casona Mangoré, como también se la conoce. Son tres dependencias contiguas; dos están comunicadas por una puerta llamativamente pequeña, que según los propietarios sería original de la construcción.

En las salas hay varios cuadros amontonados y otros colgados, de autoría de Alegre y otros pintores, y algunos objetos antiguos ubicados sin orden aparente. En realidad, el museo no posee objetos directamente relacionados con Barrios, más bien referencias, pero el edificio, por su valor patrimonial, se puede considerar una pieza invaluable de museo en sí.

La ecuación

El tiempo se percibe en las paredes, donde la humedad ha hecho su efecto. Desde hace más de dos décadas, la preservación de la casa ha estado prácticamente en manos de Alegre, quien señala que realiza los trabajos de conservación basado en sus conocimientos de restauración, un tema del que es apasionado. El esfuerzo también se evidencia, pero en esa ecuación uno se pregunta si será el tiempo, finalmente, el elemento de mayor equivalencia entre la iniciativa solitaria de un amante del arte y el silencio de la sociedad y el Estado.

“Es prácticamente una iniciativa privada. Tenemos nuestra asociación cultural creada para promocionar y fomentar las actividades, el Centro Cultural Agustín Barrios, que nació en el ’93. El museo se mantiene básicamente con el presupuesto de esas actividades, de momento no tenemos mucho apoyo de las instituciones locales ni nacionales”, explica el artista.

La típica fachada plana de la época da directamente sobre la calle. Sus antiguas puertas están semitapiadas con maderas, lo que le da un cierto aspecto de casa abandonada. “Yo lo dejo así medio a propósito, para que las autoridades acusen el mensaje”, dice Alegre. Al interior de la propiedad hay un patio interno de gran dimensión, que habrá sido privilegiado testigo de horas y horas de ensayos del pequeño Agustín. “Esta casona es prácticamente el único espacio que quedó de la familia Barrios en el país; acá Mangoré vivió sus primeros 13 años de vida y luego ya partió para Asunción. Agustín salió en 1898; la familia en el 1900”, cuenta el promotor cultural.


Al momento de ser comprada por Alegre –según comenta él mismo–, la casa ya había pasado por unos cuatro dueños anteriores. Recién al ser adquirida comenzó la iniciativa del museo. Hoy, Alegre se encuentra avanzando en un proyecto de bastante envergadura en el predio, que incluirá una nueva edificación al fondo del terreno, que será un hostal turístico, además de un pequeño anfiteatro en el patio interior. En uno de los costados de la casona, también en el patio, funciona el taller de arte de Alegre, donde se ofrecen clases de artes plásticas de forma permanente. “Estamos realizando actividades casi todo el año, algunas más grandes, en relación a conciertos de guitarra con artistas nacionales e internacionales, las exposiciones de pintura, que tenemos tres o cuatro al año, y otras permanentes como nuestro curso de plástica todos los sábados, donde tenemos alrededor de 40 alumnos”, comenta Alegre.

Las visitas a la Casa Museo son constantes, según comenta el artista –quien también funge de guía del museo– y según se plasma en el libro de firmas que nos muestra, donde figuran visitantes recientes. “Se abre cada vez que vienen los visitantes, llegan continuamente, tanto del país como del exterior”, explica.

Trabajos

Sobre los trabajos que se llevan adelante en la edificación, cuenta Alegre: “Prácticamente las actividades básicas que hicimos fueron fortalecer la estructura, sacar la humedad de arriba y de abajo para poder preservar el edificio. Es una estructura sólida, construida completamente con piedra y adobe en la parte interior. Nosotros encontramos el techo bastante deteriorado y hemos cambiado la parte de arriba, saneando todas las maderas, que son originales, pero el techo que encontramos ya tampoco era el original, se había cambiado en algún momento”. Agrega que “otro trabajo es el drenaje en el terreno interno. 

Esta es una zona bastante húmeda, hay muchas nacientes, y eso hemos solucionado también con un proyecto de drenaje que tiene dos funciones: uno, que va a funcionar como pequeño anfiteatro que tenemos previsto construir en breve; por otra parte, eso posibilita que bajemos el nivel del terreno y que toda la humedad que tiene se va absorbiendo y eso no aflora ya en superficie”.

El piso de la casona tampoco ya es original en la mayor parte, “pero sí hay una sección, una lecherada de cemento donde abajo sí están los que serían los ladrillos originales del piso, que en algún momento vamos a ver cómo rescatar”, dice Alegre. En uno de los salones se ha instalado un tensor de hierro que cruza de pared a pared con el objetivo de contener los muros.

Alegre y la asociación hacen lo que está al alcance. No dejan de soñar tampoco con un museo acorde a la magnitud del valor del patrimonio. “Lo ideal sería que haya un espacio adecuado y se expongan, por ejemplo, los objetos que están en el Cabildo acá en San Juan Bautista. Finalmente, esta fue la casa real de Barrios”, considera el artista.

Sobre las posibilidades de buscar apoyo para la preservación, el artista señala que tienen quizás los recursos para hacerlo, “tenemos libros de visita y otros elementos con los que podemos armar proyectos para instalar este espacio como punto de referencia, pero eso también lleva tiempo, el lobby con autoridades, con los políticos… Acá ya vino mucha gente, muchas autoridades, ellos conocen la situación, pero nada se ha dado hasta hoy en concreto”, afirma.

“Olvidado por los paraguayos”

Al consultar con responsables de la Secretaría Nacional de Cultura nos señalan de que no hay proyectos en particular en torno a la Casona Mangoré en la actualidad.

Quizás una de las últimas iniciativas externas surgió de parte del arquitecto Aníbal Cardozo Ocampo, quien junto con la arquitecta Norma Medina realizaron una intervención y una revalorización de las manzanas históricas que rodean al lugar, incluyendo las obras del nuevo salón auditorio Agustín Barrios.



“En un momento entablamos conversaciones, preocupados también por la preservación de la casona. Nos pusimos a disposición. Lastimosamente, la iniciativa no prosperó y quedó ahí”, comentó Cardozo Ocampo, y agregó: “La casa es hoy un monumento nacional que está olvidado por los paraguayos”.
La reciente producción cinematográfica Mangoré. Por amor al arte, que tuvo una importante inversión del Estado en su realización, revitalizó sin duda la figura de Agustín Pío Barrios tanto en el propio país como en el exterior. Ese Barrios, el genio, el de los viajes alrededor del mundo, volvió a estar vigente. El Barrios de la infancia, el de la casona de San Juan Bautista, aún espera ser rescatado del olvido.